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Obama, retrato de familia

Enviado por Radio la Luna el miércoles 05 de noviembre 2008 - 13:43 en Estados Unidos

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Nueva York, 1982. Barack Obama es un estudiante mulato de 21 años en la Universidad de Columbia. Ha llegado con lo puesto. La primera noche durmió en un callejón y se lavó en una boca de incendios. Ahora ya está instalado. Vive en un barrio duro, al este de Harlem, en un apartamento sin calefacción. Tampoco hay telefonillo y si alguien le visita, tiene que llamarle desde una cabina en la gasolinera de la esquina, donde un dóberman hace guardia. Obama bulle de impaciencia. Estudia mucho. Se define como un monje de biblioteca. Tiene muchos sueños, pero ninguno muy concreto. Pájaros en la cabeza. Saluda en español a sus vecinos portorriqueños. Juega al baloncesto en canchas callejeras donde a veces se oyen disparos. Si el tiempo es bueno, se sienta con su compañero de piso en la escalera de incendios. Fuman un pitillo, ocasionalmente lían un canuto. Miran a la gente blanca de barrios más acomodados que pasea a sus perros y los lleva a defecar a la acera de su bloque. “¡Recoged vuestras mierdas, bastardos!”, grita su compañero. Y se ríen con las caras de susto de los dueños de los chuchos.
Una mañana fría de noviembre, mientras Obama prepara café y huevos para desayunar, recibe una llamada telefónica. “Soy tu tía Jane, de Nairobi. Tu padre ha muerto. Un accidente de tráfico. ¿Hola? ¿Me oyes? Te decía que tu padre ha muerto. Llama a tu tío en Boston y cuéntaselo, ¿vale?” Obama recuerda que eso fue todo, que la línea se cortó y él se quedó sentado en el sofá, percibiendo el olor a quemado de los huevos en la cocina, paralizado mientras intentaba medir el alcance de su pérdida.

Iowa, 2008. Barack Obama, el sorprendente aspirante demócrata de 46 años a la presidencia de los Estados Unidos, da el campanazo. En la periferia del partido, sin apenas financiación y movilizando a los jóvenes, conquista una victoria sonada y ahora lucha con Hillary Clinton en la carrera hacia las primarias. Los analistas aseguran que los fontaneros de Hillary tienen preparada una campaña de desprestigio contra su rival. La típica guerra sucia. Pero Obama ya desnudó su vida en una autobiografía. Y lo hizo a tumba abierta, pues entonces no se dedicaba a la política. Ha reconocido los errores que cometió. No los esconde ni se esconde. Admite que consumió marihuana y cocaína cuando iba al instituto, y no se drogó con heroína porque no se fiaba del camello. Su sinceridad desarma. Y esa transparencia está cautivando a miles de votantes, más allá de las fronteras de género y raza: blancos, negros e hispanos; hombres y mujeres, que ven en él una síntesis de JFK y Martin Luther King.

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¿Quién es Barack Obama? ¿Cuáles son sus orígenes? Es una pregunta que se hacen los electores, pero también es una pregunta que se ha hecho muchas veces el mismo Obama. Estados Unidos es una nación de inmigrantes que se reinventan a sí mismos y de hijos de inmigrantes que buscan sus raíces. Y la vida de Obama gira en torno esa búsqueda de su identidad. Escribió Dreams from my Father (Sueños de mi padre) con treinta años, después de graduarse en la Escuela de Derecho de Harvard. Es una autobiografía atípica para un candidato presidencial por dos razones: está magistralmente escrita y es de una sinceridad desconcertante, casi suicida.

Ese libro, del que lleva vendidos casi un millón de ejemplares, le podía haber costado su carrera política. Hoy es su mejor arma. La gente anhela autenticidad y transparencia en estos tiempos de impostura, ñoñería y mensajes filtrados por la censura de lo políticamente correcto. “No tengo secretos. Los votantes pueden juzgarme con conocimiento de causa. Y poner en la balanza si los errores que cometí en mi juventud sobrepasan todo el trabajo que he podido hacer después”. Las comparaciones son odiosas. Solo hay que recordar a Bill Clinton negando que hubiese fumado marihuana o mintiendo sobre sus relaciones extramatrimoniales. O al presidente Bush ocultando que se escaqueó de Vietnam o describiendo sus problemas con el alcohol como “pecadillos de juventud”.

Barack Obama nació en 1961 en Honolulu. Hijo de una mujer blanca de Kansas y de un estudiante africano que llegó a la universidad de Hawai con una beca desde Kenia. El matrimonio duró un suspiro. Obama tenía dos años cuando su padre, que ya había tenido mujer e hijos en Kenia, se marchó a Harvard, donde se volvió a casar, y poco después regresó a África. Obama lo idealizó. El padre ausente adquirió una resonancia mítica en su vida.

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La herencia de Obama va más allá del blanco y el negro. Cuando tenía seis años su madre rehizo su vida con un estudiante indonesio y la familia emigró a Yakarta. Después de pasar dos años en una escuela musulmana y otros dos en otra católica, Obama fue enviado a Hawai con sus abuelos maternos, un vendedor de muebles y veterano de la II Guerra Mundial, que se alistó un día después de Pearl Harbour, y una empleada de banca, mientras su madre trabajaba en el extranjero.

Obama fue un adolescente difícil. Hacía novillos para jugar al baloncesto en las peores calles de Los Ángeles, o emborracharse, o fumar marihuana y, cuando se lo podía permitir, meterse un tiro de coca. “Al igual que muchos chavales negros, flirteé con el peligro y la autodestrucción. Por fortuna, me crié en una familia con unos valores muy fuertes, típicos del Medio Oeste, y pude salir indemne. Yo me colocaba porque quería ahuyentar las preguntas que me atormentaban. ¿Qué significa ser mestizo? ¿Por qué los blancos me consideraban un negro y los negros me miraban con desconfianza? ¿Cómo podía ser útil en una sociedad que no parecía aceptarme? Jugábamos en el terreno de los blancos, con las reglas de los blancos. Si el decano, el entrenador, el profesor quería escupirte en la cara, podía hacerlo. Tu única opción era la retirada, enclaustrarte en tu propio rencor. Y la ironía final es que si te negabas a aceptar la derrota y te enfrentabas a ellos, tenían un nombre para ti: paranoico, extremista”.

Después de licenciarse por la Universidad de Columbia, consiguió un trabajo en una consultoría de empresas multinacionales para pagar los préstamos de su carrera universitaria. “Me sentía como un espía en territorio enemigo. Alarmado de tener secretaria, un traje y dinero en el banco. Salía de una reunión con banqueros japoneses o alemanes y me miraba en el espejo del ascensor, con mi corbata y mi maletín, y por una décima de segundo me imaginaba como un capitán de la industria, ladrando órdenes, cerrando un trato, antes de recordar quién era y quién quería ser, y de sentir remordimientos de conciencia por mi falta de valor”.

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Luego fue a Harvard, donde se convirtió en el primer afroamericano que dirigió la revista de leyes, una publicación académica con influencia mundial. Pasó un verano de becario en un prestigioso bufete donde conoció a Michelle Robinson, su inmediata superiora. La conquistó con perseverancia. En su primera cita fueron a ver Haz lo que debas, del cineasta negro Spike Lee. Se casaron en 1992. Tienen dos hijas, Malia Ann, de nueve años, y Sasha, de seis. Pudieron hacer una fortuna juntos trabajando como abogados de grandes empresas, pero prefirieron instalarse en un barrio humilde de Chicago y colaborar durante años con las parroquias para defender los derechos básicos del vecindario a una vivienda en condiciones o a un empleo digno.

Michelle (44 años), en cierto modo sigue siendo su jefa. Le obliga a tener los pies en el suelo. Obama cuenta que la llamó un día, siendo ya senador por Illinois, para anunciarle, orgulloso, que estaba a punto de conseguir que se aprobase una ley contra el tráfico de armas. Ella le informó escuetamente de que tenían hormigas en casa y que no se olvidase de comprar insecticida. Michelle le riñe si no saca la basura o si deja la ropa por el suelo. Y le otorga el plus de negritud que le falta a la descafeinada piel de Obama a ojos de algunos sectores de la comunidad afroamericana. También es alguien que se ha hecho a sí misma, desde el durísimo South East de Chicago hasta la elitista Universidad de Princeton. “Mis compañeros blancos siempre me consideraban primero una negra y luego una estudiante”. Ganaba bastante más que su esposo como vicepresidenta de asuntos comunitarios de los hospitales de Chicago, unos 375.000 dólares al año, hasta que Obama vio multiplicados ingresos (30.000 dólares como profesor universitario, otros 60.000 como senador) gracias a los derechos de autor de sus libros. En 2006 el matrimonio hizo pública su declaración de la renta: 900.000 dólares. No tenían obligación, pero se empeñan en ser transparentes.

Además de trabajar y cuidar de las niñas, Michelle advierte a los votantes de que su marido “no es perfecto”. Pero él ya sabe de sus imperfecciones. Y no presume de ellas, pero tampoco las oculta. Se confiesa ambicioso, se fustiga a sí mismo porque le encanta viajar en jet privado para ahorrarse las esperas de las líneas comerciales, dice que le cuesta levantarse de la cama por las mañanas y que ha habido “tensiones” en su matrimonio por su culpa. Pero lo más llamativo es la desmitificación de la figura paterna. Algo que vivió de manera traumática cuando su hermanastra le visitó en Chicago y le contó la verdad.

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Su progenitor trabajó para una compañía petrolífera norteamericana en Kenia y luego para el ministerio de Turismo, hasta que cayó en desgracia y perdió sus contactos en el gobierno. Se convirtió en un alcohólico que pegaba a su esposa. Y en un gorrón que pedía prestado a sus familiares. Para Obama, es una desilusión mayúscula. “Toda mi vida tuve una imagen perfecta de mi padre. El estudiante brillante, el amigo generoso. Esa imagen se hizo añicos, reemplezada por la de un bebedor amargado y un marido maltratador. Un fracasado. Pensar que toda mi vida he lidiado en mi corazón con un fantasma… Me recompuse y pensé: bueno, haga lo que haga con mi vida, no puedo hacerlo mucho peor que él”.

Un viaje iniciático a Kenia sirve para restañar heridas. Obama descubre que su familia africana es amplísima y acogedora, pero muy pobre. Su padre cuidó cabras antes de conseguir a pulso en una escuela con techo de hojalata la beca en Estados Unidos. Su abuelo fue cocinero de los colonos británicos y un tirano con sus esposas e hijos. “Mi nombre, Barack, es africano y significa bendecido. Me llamaron así en la creencia de que en América no importa cómo te llames o de qué familia vengas, tú te forjas tu destino”.

A pesar de su juventud, la carrera política de Obama es deslumbrante. Empezó muy abajo. “Uno trabaja en la oscuridad, casi siempre en temas que significan mucho para los afectados, pero que el hombre de la calle puede ignorar: leyes sobre las familias que viven en caravanas, impuestos agrícolas… Sin embargo, el trabajo era muy satisfactorio porque su pequeña escala te permitía conseguir resultados concretos: mayor cobertura sanitaria para los niños pobres o una reforma de las leyes que mandan a gente inocente al corredor de la muerte”.
Que el senador Obama pueda convertirse en el primer presidente negro de los Estados Unidos no es una quimera. En su voz se amalgaman ecos de Kennedy y el mítico Yo tengo un sueño de Luther King, que le sirve de inspiración cuando dice: “Si hay un niño en el sur de Chicago que no puede leer, eso me importa, aunque no sea mi hijo. Si hay un anciano que no puede pagar sus medicamentos, eso empobrece mi vida, aunque no sea mi abuelo. Si hay una familia árabe expulsada sin el beneficio de un abogado o un proceso legal justo, eso amenaza mis libertades civiles. Es esa creencia fundamental, la de que yo soy el guardián de mi hermano, lo que hace que este país funcione”.

Mochilero en España

“Yo esperaba el autobús nocturno en un bar de carretera entre Madrid y Barcelona. Unos pocos hombres bebían vino en vasos pequeños y sucios. Había una mesa de billar y por alguna razón me puse a jugar… Un hombre vestido con un fino jersei de lana apareció de ninguna parte y me invitó a un café. No hablaba inglés. Y su español no era mejor que el mío, pero tenía una sonrisa que daba confianza y la urgencia de alguien que necesita compañía. En aquel bar me contó que era de Senegal y que recorría España en busca de trabajos estacionales. Me enseñó una fotografía gastada que llevaba en su cartera: una chica joven de mejillas redondas. Su mujer, me dijo. Tuvo que dejarla en Senegal para venir a España. Planeaba reunirse con ella en cuanto ahorrase el dinero.

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Al final viajamos juntos a Barcelona. Ninguno de los dos hablaba mucho. Él intentaba explicarme los chistes de un programa que proyectaban en una pantalla de vídeo encima del asiento del conductor. Poco antes del amanecer nos apeamos en una vetusta estación de autobuses y mi amigo me hizo señas para que le siguiera hasta una palmera pequeña, de tronco grueso, que crecía junto a la carretera. De su mochila sacó un cepillo de dientes, un peine y una botella de agua que me entregó con gran ceremonia. Nos aseamos juntos, entumecidos por el relente, antes de ponernos los macutos al hombro y caminar hacia el centro de la ciudad.

¿Cómo se llamaba? No lo recuerdo. Solo era otro hombre hambriento lejos de su hogar, uno de los muchos hijos de las colonias colándose entre las barricadas de sus antiguos amos, organizando su propia y azarosa invasión de harapos. Y sin embargo, mientras caminábamos hacia las Ramblas, mi impresión era que lo conocía de toda la vida; como si ambos hiciésemos el mismo viaje, aunque hubiésemos partido de lugares opuestos del planeta. Nos despedimos. Yo estuve mucho tiempo parado en la calle, viendo cómo se alejaba su figura delgada y patizamba. Una parte de mí deseaba acompañarle en una vida de caminos abiertos y mañanas azules; otra parte de mí se percataba de que ese deseo era una idea romántica y parcial. Hasta que me di cuenta de que aquel hombre de Senegal me había invitado a un café y ofrecido su agua, y eso era real, y quizá eso era todo lo que cualquiera de nosotros tenía derecho a esperar: un encuentro al azar, una historia compartida, un pequeño acto de bondad”.

Barack Obama, Dreams from my father, Crown Publishers.

El sueño profético de su abuela Sara

“He soñado que Obama estaba rodeado de soldados de uniforme. Es una señal de que será presidente”, profetiza Sara Onyango, la abuela africana del candidato a la Casa Blanca. La mujer, de 84 años, vive en una aldea de Kenia de 300 habitantes. En agosto pasado su nieto fue a visitarla. Gracias a su ayuda han construido una escuela en el pueblo. El viaje a África forma parte de su campaña global, lanzada desde el sitio de internet Voluntarios, la mayoria muy jóvenes, que responden a todos los correos electrónicos y se sirven de herramientas como youtube o flickr para colgar vídeos y fotos. Bueno, bonito y baratísimo en comparación con otros candidatos.

¿Cómo reaccionará un equipo de novatos cuando la campaña se envenene? Uno de los ases en la manga de Hillary Clinton será mostrar a la abuela de Obama, que no habla inglés y vive rodeada de gallinas, como alguien demasiado como para estar emparentado con el presidente. Pero es un arma de doble filo. Las raíces de Obama, el ascenso social de un joven humilde, por méritos propios, hasta el Senado y quizá hasta la Casa Blanca, encarnan la esencia del sueño americano.

¿Qué es más revolucionario? ¿Que Hillary sea la primera presidenta de EEUU o que Obama sea el primer negro en el Despacho Oval? Los Clinton ya han llevado el debate al terreno racial. La ex primera dama dijo que hizo falta un presidente blanco, Lyndon B. Johnson, para cumplir el sueño de Martin Luther King. Y su marido se refirió a la postura de Obama en contra de la guerra de Irak como “un cuento de hadas”. Hasta la fecha, Obama ha hablado bien de su rival. “La admiro. Es inteligente y disciplinada, no se arruga, y lucha para que el país mejore en temas como la atención a los niños o el sistema sanitario”. Quizá porque no descarta ir como vicepresidente de Hillary en el boleto demócrata si pierde fuelle en la extenuante carrera electoral.

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¿El fin de Estados Unidos como superpotencia?

Enviado por Radio la Luna el martes 14 de octubre 2008 - 11:08 en Estados Unidos

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Ecodiario
Los norteamericanos lo niegan, sus enemigos lo dan por hecho y los aliados mencionan la hipótesis: la crisis financiera anuncia el fin de la hegemonía de Estados Unidos como superpotencia mundial. Analistas americanos analizan esta situación y exponen argumentos a favor o en contra de esta teoría cada vez más extendida.La victoria es esquiva a los soldados en Irak o Afganistán, la economía norteamericana se enfrenta a una de la peores crisis desde la de 1929 y hasta el propio credo liberal de Estados Unidos es cuestionado en sus cimientos. De Caracas a Teherán, se proclama que la crisis significa la caída del "imperio" y los propios aliados de Washington mencionan la emergencia de un mundo multipolar, reequilibrado por potencias como China, India o Brasil. Peer Steinbrück, ministro de Finanzas alemán, rompió un tabú al vaticinar hace dos semanas que "Estados Unidos va a perder su estatus de superpotencia del sistema financiero mundial", que pasaría a ser "multipolar".

Giro geopolítico histórico

En una sonada columna publicada por The Observer en Londres, el politólogo John Gray escribió que "vivimos un giro geopolítico histórico, en el que el equilibrio de poderes mundial está siendo alterado irrevocablemente. La era de liderazgo global norteamericano iniciado en la Segunda Guerra Mundial se terminó". Sin embargo, a la hora de definir un orden alternativo faltan respuestas claras y una mayoría de especialistas piensa que Estados Unidos seguirá dominando, aunque más no sea por inercia. Pero que ya no podrá hacerlo solo. En la lista de hombres más ricos del mundo hay menos norteamericanos que antes y cada año aparecen más nombres de Rusia, India o México. Pero todos hacen negocios en inglés y las plazas de Nueva York y Londres marcan la pauta.

La hegemonia continuará

"No hay duda de que Estados Unidos seguirá siendo la potencia global dominante", aseguró a la AFP Nicholas Burns, profesor de política internacional y diplomacia en la Universidad Harvard de Massachusetts (este). "Nuestro poderío militar y nuestra influencia política no tienen rival", agrega Burns. "Y Estados Unidos seguirá siendo la mayor economía del mundo, con ventajas como la capacidad de innovar, la biotecnología y la nanotecnología". Burns admite que la crisis se convirtió, en plena recta final de la carrera por acceder a la Casa Blanca entre el demócrata Barack Obama y el republicano John McCain, en "la principal preocupación estratégica" de Estados Unidos. "El gran desafío para el próximo presidente, va a ser liderar de manera más eficaz nuestra política global, fortaleciendo alianzas y asociaciones en cada continente", dijo este veterano de la diplomacia norteamericana. Es decir que para mantenerse a la cabeza, Washington deberá dialogar más con los demás, por ejemplo en el ámbito de la ONU. Si Estados Unidos sigue siendo "superpotencia", dejará al menos se actuar como "hiperpotencia". "Necesitamos -señala Burns- una red multilateral más fuerte para atender los grandes problemas transnacionales de la economía, el terrorismo o el cambio climático".

Otro modelo

El retorno de Estados Unidos al multilateralismo pondría fin a la 'doctrina Bush' inaugurada por el actual presidente, George W. Bush, según la cual la superpotencia no necesitaba de los demás para manejar la agenda mundial. Junto con el unilateralismo, la crisis también se está llevando lo que quedaba en pie del "consenso de Washington", es decir el credo liberal preconizado por Estados Unidos a través de los organismos de Bretton Woods. La nacionalización de facto de parte del sistema financiero norteamericano no ha logrado todavía revertir el derrumbe de Wall Street, pero fue vivida como una revancha por países que hicieron oídos sordos al "consenso de Washington". Algunos arriesgan hipótesis más osadas. Según Raymond Lotta, politólogo marxista y autor del libro 'America in decline' ('Norteamérica en decadencia'), "la crisis se está desarrollando en el ámbito global, de una manera explosiva e impredecible" y la envergadura del salvamento de 700.000 millones de dólares muestra que amenaza al sistema capitalista. "No se trata de socialismo para los ricos ni de un salvamento para la gente, es capitalismo de emergencia para los ricos y capitalismo más brutal para el resto", comentó Lotta.


Ecuador entierra al neoliberalismo

Enviado por Radio la Luna el martes 14 de octubre 2008 - 11:03 en Política

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Lucio Gutiérrez siguió al pie de la letra las recetas del Fondo Monetario Internacional (FMI).  Recortó varios presupuestos sociales: educación, de 638 millones de dólares en el 2004 a 464 millones en el 2005; en salud, de 323 a 211 millones de dólares en el mismo período; para el desarrollo agropecuario la cifra de 151 millones se bajó a 71 millones de dólares con la consecuente recesión agrícola.


Ecuador se convertió en los últimos 27 años, antes de la llegada del presidente Rafael Correa al poder, en uno de los fracasos más sonados de la aplicación de políticas económicas neoliberales en América Latina impuestas por los organismos financieros internacionales con la anuencia de los gobiernos estadounidenses.


Los problemas creados por el neoliberalismo y el libre comercio persiguieron como un fantasma a los gobiernos ecuatorianos en los últimos años, motivaron la caída de tres presidentes (Jamil Mahaud, Abdala Bucaram, Lucio Gutiérrez), abrieron el camino para el mandato de Correa y permitieron la aprobación el pasado 29 de septiembre de una nueva Constitución, mediante un referendo nacional sancionado por el 64 % de la población.

Antes de la llegada de Correa a la presidencia, en enero de 2007, un informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) aseguraba que Ecuador era un país con desarrollo humano bajo y ocupaba el lugar 94 entre 173 naciones.

El PNUD alertaba que el crecimiento de la pobreza se encontraba íntimamente relacionado con el aumento de la desigualdad en la distribución del ingreso pues el 20 % de la población más pudiente absorbía el 60 %, mientras el 25 % de las personas más desposeídas solo recibía alrededor del 4 % del Producto Interno Bruto (PIB).

En esta nación andina que exporta petróleo, banano, camarón, cacao y café, entre alrededor del 74 % de sus 14 millones habitantes, viven en la pobreza debido a que la mayoría de esos dividendos van a parar a manos de las transnacionales y de los negociantes nacionales privados.

Otro documento de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) señalaba que a principios de 2007, el gasto de salud por habitantes en un año se ubicaba en solo 20 dólares, considerado por la como uno de los más bajos del continente.

A los servicios de atención médica solo tenían acceso cerca de la mitad de la población, mientras que el 60 % carecía de drenaje en sus viviendas y el 45 % no disponía de agua potable, situación que ha ido mejorando en el último año al extender Correa los presupuestos para programas sociales.

El índice de desempleo y subempleo, alcanzaban unidos, la astronómica cifra del 46 % de la población económicamente activa y por lo tanto se hacía necesario crear nuevas fuentes de trabajo.

Ecuador en esa fecha tenía una de las deudas más caras de la región pues gran parte del débito externo se encuentran con tasas de interés de 12 % (bonos globales 2012 que reemplazaron a los bonos Brady) por lo que el servicio o pago del mismo es oneroso para el país al restarle recursos para los sectores sociales.

El presupuesto del Estado había sido elaborado para privilegiar el pago de la deuda externa en desmedro del área social, lo cual afectaba paulatinamente los sectores más pobres del país.

Lucio Gutiérrez, quien siguió al pie de la letra las recetas del Fondo Monetario Internacional (FMI), recortó varios presupuestos sociales. En educación pasó de 638 millones de dólares en el 2004 a 464 millones en el 2005, lo cual provocó que miles de niños no accedieran a las aulas; en salud, de 323 a 211 millones de dólares en el mismo período; para el desarrollo agropecuario la cifra de 151 millones se bajó a 71 millones de dólares con la consecuente recesión agrícola.

Sin embargo, el destituido presidente hizo lo imposible por cumplir con la deuda pública y externa (punto exigido por el FMI) a la que dedicó cerca del 40 % del presupuesto nacional.

A solo 11 meses en la presidencia, Correa presentó al Congreso la Proforma Presupuestaria para 2008 que ascendió a 10 millones 357 650 dólares, un 6 % mayor que el de 2007.

En la Proforma se asignaron mayores porcentajes para el Tesoro Nacional (3.861 millones de dólares; 37,3%); Educación y Cultura (1.536,1 millones; 14,8%), superior en 108,1 millones (7,6%) al presupuestado del 2007; Salud (728.5 millones; 7%), mayor en 80.8 millones de dólares al de 2007 (12,5%); Bienestar Social (5,2%) y Comunicaciones (6,4%).

La nueva Constitución aprobada, con amplio perfil nacionalista y progresista, aumenta el poder del Estado sobre la economía y el Ejecutivo

La Carta Magna permitirá al Estado ostentar más control y participación en sectores estratégicos como petróleo, minas, telecomunicaciones, agropecuario y agua.

Sustituye la definición de "economía de mercado" esgrimido por las recetas neoliberales del FMI y del Banco Mundial, por una de "economía solidaria".

Asimismo, el Banco Central pierde su autonomía y la política monetaria pasa a ser atribución del presidente, a la par que le permite limitar y regular monopolios y oligopolios en el sector privado.

La nueva Constitución autoriza la expropiación de bienes por causa de utilidad pública o interés social y prohíbe celebrar contratos con cláusulas de arbitraje internacional.

El documento enfatiza que se propiciará el intercambio "justo" y "complementario" de bienes y servicios.

En cuanto a la deuda, una de las cuestiones que más ha golpeado a la economía ecuatoriana, crea el concepto de "ilegitimidad" e "ilegalidad" para la deuda externa, que daría al mandatario un soporte legal para detener el pago de algunos tramos de sus pasivos.

El presidente Correa ha expresa en varias oportunidades que dará prioridad al gasto social frente al pago de los tenedores de bonos con el lema "la vida antes que la deuda".

Otra de las prerrogativas que ostentará el Estado es la de expropiar tierras no productivas para redistribuirlas entre la población, prohíbe los latifundios y las semillas genéticamente modificadas, con excepción de algunos granos autorizados por el presidente.

El triunfo de la nueva Constitución ecuatoriana, sancionada por las dos terceras partes de su población, es el resultado de las nefastas políticas neoliberales que proliferaron por América Latina, llenando de miseria y pobreza a grandes masas, que hoy apuestan por un orden social más justo y de integración regional.


Ecuador preocupado por posible negociación entre UE con Colombia y Perú

Enviado por Radio la Luna el martes 14 de octubre 2008 - 10:44 en Integración

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Freddy Ehlers, presidente de la CAN, Rafael Correa, Evo Morales y Alan García
durante la cumbre andina en Guayaquil.


GUAYAQUIL, Ecuador (AFP) — Ecuador juzgó como preocupante la decisión europea de negociar bilateralmente un pacto de libre comercio con Perú y Colombia en el marco de las conversaciones en bloque CAN-UE, dijo el martes en Guayaquil el presidente Rafael Correa en la apertura de una cumbre andina.Correa expresó su malestar por la respuesta que envió el presidente de la Unión Europea (UE), José Manual Durao Barroso, a un pedido de Colombia y Perú para explorar un acuerdo comercial al margen de Bolivia y Ecuador, los otros dos miembros de la CAN que se oponen a la liberalización económica.

"La respuesta de la UE, al menos para esta presidencia pro témpore, es por decir lo menos preocupante", señaló el mandatario en el inicio de la cumbre con sus homólogos de Perú, Alan García, y de Bolivia, Evo Morales.


El jefe de Estado de Colombia, Alvaro Uribe, envió un delegado de alto nivel tras excusarse de asistir por sus diferencias con Correa, que rompió relaciones diplomáticas a raíz de una acción militar.


El presidente ecuatoriano subrayó su preocupación por la intención del bloque europeo de avanzar junto con Perú y Colombia hacia un "acuerdo ambicioso, exhaustivo y compatible con la Organización Mundial de Comercio
".


"Es preocupante porque está definiendo a qué clase de acuerdo comercial se quiere llegar: a un tratado de libre comercio, cuando se suponía que el acuerdo con la UE es un acuerdo de diferente naturaleza. Comercial, obviamente, pero también tiene un pilar político y de cooperación para el desarrollo", recalcó.


Correa aseguró que los bloques habían hablado de "alcanzar un comercio justo, no necesariamente un tratado de libre comercio
", y que al respecto se acordó hacerlo de manera flexible, dejando en libertad a los países de acoger ciertas cláusulas.


¡No al rescate de los multimillonarios de Wall Street !

Enviado por Radio la Luna el lunes 06 de octubre 2008 - 11:46 en Economía

James Petras

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Petras es licenciado por la Boston University y doctorado de la University of California en Berkeley. Su nombramiento inicial en 1972 en la Binghamton University fue en el Departamento de Sociología. Los campos de su investigación fueron: Desarrollo, América Latina, el Caribe y los movimientos revolucionarios. Entre las distinciones recibidas durante su vida fueron; Western Political Science Association's the Best Dissertation Award (1968), la Career of Distinguished Service Award de la American Sociological Association's Marxist Sociology Section y el premio Robert Kenny por el mejor libro de 2002.

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El Secretario del Tesoro Paulson y el Presidente Bush han pedido al Congreso, apoyados por los líderes Demócratas en ese ámbito, 700 mil millones de dólares de rescate a Wall Street y a las instituciones financieras.

En los últimos años estos bancos han cosechado miles de millones de dólares en préstamos y especulaciones sobre hipotecas, valores y otros papeles financieros, virtualmente sin capital que cubra sus apuestas. Con la caída en el mercado de la vivienda, las deudas financieras de Wall Street se fueron a las nubes, el valor de sus propiedades se evaporó, y están agobiados por los billones de dólares de esa deuda.


Paulson, Bush y el liderazgo del Congreso de los EE.UU. le piden al contribuyente que compre la deuda privada sin valor de Wall Street, cargando a la generación actual y las futuras de los EE.UU. con ese fardo.


Paulson / Bush y los líderes del Congreso sostienen la falsedad de no rescatar a los estafadores de Wall Street daría lugar al colapso del sistema financiero. De hecho, casi 200 de nuestros principales economistas de las universidades más prestigiosas rechazan el rescate Paulson. La verdad en este tema es que a lo que conduciría la retención de esos fondos, sería a la caída del sistema financiero especulación-estafa--evasión, el papá de la actual debacle económica.

El Gobierno Federal puede y debe utilizar los cientos de miles de millones de dinero público para instalar un mecanismo nacional de control público sobre el sistema bancario y las inversiones, bajo la supervisión de representantes electivos. El colapso del sistema financiero hoy en bancarrota es a la vez una amenaza y una oportunidad: El colapso de este sistema corrupto ha llevado a la pérdida de puestos de trabajo y congelamiento del crédito y los préstamos; el establecimiento de un nuevo sistema bancario de propiedad pública ofrece una oportunidad para financiar lo prioritario para la inmensa mayoría del pueblo norteamericano: la re-industrialización de nuestra economía, una programa universal y nacional de salud, asegurar y ampliar la seguridad social en el próximo siglo, la reconstrucción de nuestra infraestructura en decadencia y muchos otros programas esenciales para el estilo de vida americano.


El problema no es la falsa alternativa de rescate de Wall Street o el caos y colapso financieros: La verdadera elección es entre la subvención de estafadores o el establecimiento de un sistema financiero público responsable, sensible y equitativo.


Diez razones para oponerse al rescate de Wall Street

1. En una economía de mercado los capitalistas justifican sus beneficios por el riesgo a perder que se asumen. Los jugadores no pueden quedarse con lo que ganan y que sus pérdidas las paguen los contribuyentes. Tienen que asumir la responsabilidad de sus malas decisiones.

2. Gran parte de la deuda venenosa o basura se basa en prácticas fraudulentas - instrumentos financieros opacos que no guardan relación con los bienes reales pero que generan enormes comisiones. Rescatar a los estafadores sólo alienta más estafas.

3. El Tesoro de los EE.UU. compraría papeles sin valor, los bancos privados conservarían todos los bienes de valor. Compramos los limones, y ellos van en Cadillacs.

4. La posibilidad del Tesoro de recuperar cualquier valor por sus compras de deudas incobrables es casi nula. Los contribuyentes serán empapelados con papeles de deuda para los cuales no hay compradores.

5. El efecto a largo plazo de este rescate será duplicar la deuda pública y recortar los fondos de la seguridad social, la educación y los programas de salud pública, mientras que el aumento de la carga fiscal de las generaciones futuras.

6. Tanto el dólar devaluado como la deuda pública reducirán su atractivo en el exterior, aumentando el costo de las importaciones y resultando así una espiral inflacionaria que socavará aún más el nivel de vida de los trabajadores.

7. La canalización de fondos hacia Wall Street los desvía de lo que nos sacaría de esta recesión que se profundiza.

8. Con el rescate se profundizará la crisis financiera, ya que, de acuerdo con el Director de la Oficina de Presupuesto del Congreso, hará evidente el hecho de que muchas instituciones pueden estar acarreando muchas más "deudas envenenadas» y poner de manifiesto que esas instituciones no son solventes. En otras palabras, el Tesoro y el Congreso liberarían a las instituciones insolventes de sus deudas de dudoso cobro.

9. El rescate tiene por objeto facilitar los préstamos, pero el problema no es el crédito sino (como lo ha demostrado la Oficina de Presupuesto del Congreso) la insolvencia de las instituciones financieras. La solución es crear instituciones financieras solventes.

10. El rescate ignora totalmente las necesidades financieras de 10 millones de propietarios de viviendas que enfrentan las ejecuciones, quiebra de las pequeñas empresas que se enfrentan a la reducción del crédito, y la pérdida por los trabajadores de sus puestos de trabajo y planes de salud para sus familias debido a la recesión.


Alternativas al rescate de Wall Street

La rapidez con que el Tesoro y el Congreso han dispuesto de esta gigantesca cantidad de los fondos públicos pone en evidencia la mentira de su argumento de que los programas para las necesidades populares no pueden ser financiados, o la necesidad de reducirlos.

De hecho, invirtiendo U$S 700 mil millones en la salud y la educación de los trabajadores aumentará la productividad, la apertura de los mercados y ampliará el poder de compra de los consumidores, lo que conduce a un círculo virtuoso aumentando los ingresos públicos y eliminando los déficit presupuestales y comerciales.


Los fondos públicos invertidos en la industria manufacturera, la construcción, la educación y la atención de la salud crean verdaderos productos de valor de uso y eso tiene un efecto multiplicador sobre el resto de la economía en lugar de acabar en los bolsillos de los multimillonarios que especulan e invierten en fusiones y compras en el exterior.

Inadvertidamente, la Tesorería y el Congreso han puesto que manifiesto que la financiación federal está disponible para reconstruir la economía de los EE.UU., garantizar la vida y salarios dignos y proporcionar la atención de la salud para todos, si queremos elegir funcionarios electivos que están comprometidos con las necesidades de los trabajadores de los EE.UU. y no con multimillonarios de Wall Street.

Escuche a James Petras hablar sobre la crisis de la economía estadunidense (MP3, 1,1 Mb)
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